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domingo, 15 de marzo de 2015
AUTORA: MARY BALOGH
SINOPSIS:
Lord Ferdinand Dudley llega a la pequeña localidad de Trellick para
reclamar la casa y la propiedad que ha ganado jugando a las cartas. Los
lugareños se han congregado para disfrutar de los festejos del 1 de mayo
(celebración de la llegada de la primavera), y en cuanto Ferdinand vislumbra a
una joven especialmente guapa con quien coquetear, no puede resistir la
tentación de unirse a la celebración.
Por su parte, Viola Thornhill, una de las
organizadoras de la fiesta, observa intrigada al apuesto desconocido que ha
aparecido en el pueblo, y recuerda la advertencia de la gitana que le ha
predicho el futuro: cuidado con un desconocido alto y moreno...
Inmediatamente surge la chispa
entre ambos y al final de la tarde habrán compartido un par de besos robados.
Pero Ferdinand y Viola ignoran que esas serán las últimas horas de paz que
pasarán juntos.
Al día siguiente vuelven a
encontrarse en Pinewood Manor, propiedad de la que los dos se consideran
legítimos propietarios y que les convertirá en rivales. El conflicto está
servido y empieza una batalla legal y de sentimientos. Aunque ambos acuerdan
compartir la residencia mientras esperan la documentación que dilucide
definitivamente la disputa, cada uno intenta entretanto empujar al otro a
marcharse. Pero en mitad de esa atmósfera de lucha aparece poco a poco el amor.
2.- Amante de Nadie.
3.- La Amante Secreta.
FRAGMENTO DEL LIBRO:
¡Había ido a verla!
Viola condujo a Lord Ferdinand
Dudley hasta el salón y lo invitó a que tomara asiento en uno de los sillones
emplazados junto a la chimenea de mármol. Ella se sentó en el sillón de enfrente,
mirándolo con una sonrisa.
— ¿Cómo ha descubierto mi
identidad? —le preguntó, complacida porque se hubiera tomado la molestia de
averiguarlo.
Lord Ferdinand carraspeó como
si se sintiera incómodo.
¡Qué agradable resultaba saber
que podía incomodar a un aristócrata!
Sus ojos lo miraron con
radiante alegría.
—Le pedí al dueño de La Cabeza
del Jabalí que me indicara el camino hasta Pinewood Manor —contestó él.
¡Vaya! Así que ya conocía su
identidad el día anterior. Ella, en cambio, ignoraba la suya y ni siquiera se
había planteado la posibilidad de averiguarla. Sin embargo, le alegraba que
hubiera ido a presentarse antes de proseguir camino. Le alegraba que el
encuentro del día anterior hubiera significado algo para él, como lo había
significado para ella.
—La fiesta fue un éxito
rotundo —comentó. Quería que lord Ferdinand hablara de ella, que mencionara el
precioso baile.
—Desde luego. —volvió a
carraspear y se ruborizó.
Antes de que pudiera seguir
hablando, no obstante, se abrió la puerta del salón y apareció una criada con
la bandeja del café, que colocó delante de Viola, y después procedió a
despedirse con una reverencia. Viola sirvió dos tazas y se levantó para dejar
una de ellas en la mesita situada junto a lord Ferdinand, que la observó en
silencio.
—En fin, señorita —comentó
mientras ella volvía a sentarse— ¿Bamber tampoco le ha escrito a usted?
— ¿El conde de Bamber? —lo
miró, sorprendida.
—Señorita, le ruego que me
disculpe —siguió él—…pero Pinewood Manor ya no es propiedad del conde. Soy el
nuevo dueño. Desde hace dos semanas.
— ¿Que es el nuevo dueño? — ¿Qué
estaba pasando?, se preguntó—. Pero, milord, eso es imposible. La propietaria
de Pinewood Manor soy yo. Desde hace dos años.
Lord Ferdinand metió la mano
en uno de los bolsillos internos de su chaqueta de montar y sacó una hoja de
papel doblada que le ofreció.
—Aquí está la escritura de la
propiedad. Ahora figura a mi nombre. Lo siento mucho.
Viola miró el papel sin hacer
ademán de cogerlo. Solo atinó a pensar en el absurdo error que había cometido.
Lord Ferdinand no había ido a verla. Al menos no había ido a verla por lo que
sucedió el día anterior. La apuesta de las margaritas, el baile alrededor del
palo de mayo y el beso compartido bajo el vetusto roble no habían significado
nada para él. Había ido a verla con la intención de echarla de su propia casa.
COMENTARIO:
Esta historia me ha conmovido
hasta las lágrimas. Es hermoso descubrir que después de haber sufrido viviendo un infierno, la vida también te recompensa con mucha alegría y un futuro
lleno de amor.
Ferdinand eres mi héroe mi
caballero de brillante armadura.
No puedes dejar de leerlo, lo
que más contiene esta historia, es el Amor.
GuisBell.
sábado, 14 de marzo de 2015
AUTORA: MARY BALOGH
SINOPSIS:
El Duque de Tresham, el soltero más cotizado y escurridizo de la
sociedad, debe batirse de madrugada por haber mancillado la reputación de una
doncella.
Pero la repentina aparición de
Jane Ingleby, empleada de una
sombrerería, provoca que el duque reciba un disparo en la pierna.
Cuando Jane es despedida de su
trabajo por haber llegado tarde, decide acudir a Tresham y pedirle que escriba
a su jefa y le explique los hechos para recuperar su empleo.
Pero él, seducido por su
extraordinaria belleza e intrigado por su desparpajo, le propone que sea su enfermera
hasta que esté mejor.
Jane, que oculta un peligroso
pasado, acepta y se instala en la mansión.
Mientras crece la atracción
entre el aristócrata y la modesta dependienta, Jane vislumbra un corazón de
insospechada nobleza tras esa fachada arrogante. Incluso cuando los oscuros
secretos de los que huye amenazan con salir a la luz, la joven comprende que el
mayor peligro de todos es la pasión que le incita a arriesgarlo todo por un mes
con un caballero que parece no creer en el amor...
TRILOGÍA AMANTES
1.- Más que una Amante.
2.- Amante de Nadie.
3.- La Amante Secreta.
FRAGMENTO DEL LIBRO:
—Y ahora, señorita Ingleby
—dijo —…venga a sentarse aquí cerca y cuénteme cómo planea entretenerme durante
las próximas tres semanas. Ha tenido mucho tiempo para pensar una respuesta.
—Sí, conozco los juegos de
cartas más comunes —respondió Jane a una pregunta—…pero no juego por dinero. —esa
había sido una de las reglas de sus padres: nada de apuestas en casa, salvo que
se jugara con peniques; y las apuestas acababan en cuanto se perdía media
corona, es decir, dos chelines y seis peniques—. Además —añadió—…no tengo
dinero para apostar. Supongo que a usted no le gustará jugar a menos que las
apuestas sean altas.
—Me alegro de ver que supone
usted conocerme tan bien —replicó el duque—. ¿Juega al ajedrez?
—No. —Jane negó con la cabeza.
Su padre sí sabía jugar, pero albergaba unas ideas un tanto extrañas sobre las
mujeres. El ajedrez era un juego masculino, solía decir con cariñoso
paternalismo siempre que ella le pedía que la enseñara a jugar. Su continua
negativa acicateaba el deseo de Jane de aprender—. No me han enseñado.
El duque la miró con expresión
pensativa.
—Supongo que no sabe leer
—dijo.
— ¡Por supuesto que sé leer! —
¿Acaso la había tomado por una analfabeta?
Sin embargo, recordó demasiado
tarde el papel que estaba interpretando.
—Claro, por supuesto —replicó
el duque en voz baja al tiempo que entornaba los párpados—. Y supongo que
también tiene una preciosa caligrafía. ¿Qué clase de orfanato era, señorita Ingleby?
—Ya se lo he dicho —respondió
ella—. Uno excelente.
El duque le lanzó una mirada
adusta, pero abandonó el tema.
— ¿Y qué más talentos posee
con los que pueda entretenerme? —le preguntó.
— ¿El trabajo de una enfermera
consiste en entretenerlo?
—El trabajo de mi enfermera
consiste en lo que yo diga. —sus ojos la miraron de arriba abajo como si pudieran
ver por debajo de la ropa. Jane encontró dicho escrutinio un tanto
desconcertante. —Al fin y al cabo —siguió el duque—…no creo que vaya a tardar
las veinticuatro horas del día en cambiarme la venda y colocarme el pie sobre
los cojines, ¿verdad?
—No, excelencia —admitió.
—Sin embargo, le estoy
ofreciendo alojamiento y manutención —le recordó él—. Y creo que le estoy
pagando un salario muy atractivo. ¿Va a negarme un poco de entretenimiento?
—Creo que no tardará en
cansarse de lo que puedo ofrecerle —respondió Jane.
El duque esbozó una media
sonrisa que, en vez de suavizar su expresión, le otorgó una apariencia un tanto
feroz. Jane vio que tenía el monóculo en la mano, aunque no se lo llevó al ojo.
—Ya veremos —repuso él—.
Quítese la cofia, señorita Ingleby. Me ofende. Es rematadamente fea y le echa
por lo menos diez años encima. ¿Cuántos años tiene?
—Excelencia —contestó Jane—…no
creo que mi edad sea de su incumbencia. Y preferiría llevar cofia mientras
cumplo con mis obligaciones.
— ¿Ah, sí? —de repente, su
actitud se tornó altiva y un tanto alarmante solo con enarcar las cejas—.
Quítesela —añadió con voz más suave.
COMENTARIO:
Me gustó mucho este primer
libro de la trilogía amantes.
Me encanto mucho descubrir que
Jocelyn, era un hombre diferente tras esa mascara arrogante y cruel que llevaba.
Aunque con la paciencia y comprensión de jane poco se ve realmente el hombre
que se escondía.
Pero la verdad es que como que
le faltó algo al final… pero bueno de todas formas me dejo con ganas de leer más
de Mary Balogh, no dejen de leerla.
GuisBell.








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